Archivo de la etiqueta: Jazz

Don Ellis. Un metal precioso con brillo fugaz.

Se vale sentir celos o envidia hacia todos aquellos afortunados nacidos en la época de la post-guerra y especialmente aquellos crecidos en los setentas —y es comprensible—. Su generación presenció algo sin precedentes y totalmente singular: la vanguardia universal del revival. Durante este periodo histórico todo campo con potencial de desarrollo se trabajó y avanzó como nunca en la historia de la humanidad: ciencia, física, economía, tecnología, investigación, exploraciones, ergonomía, diseño, humanidades, filosofía, ecología, derechos civiles, sexualidad, arte, música. No hubo un solo estrato que no se viera afectado por esta ola de ilustración universal. Así en la música hubo muchos avances y experimentaciones con sonidos y conceptos nuevos, pero también hubo los nostálgicos que veían en el pasado un joya todavía digna de explorarse, y le dieron esa oportunidad al jazz. Figurines como Chic Corea, Claude Bolling, John McLaughlin, Herbie Hancock, fueron algunos de los nombres prominentes que con cuyos estilos característicos aportaron al jazz una nueva cara, un aire renovado y fresco, una posibilidad de expansión más noble a lo ya establecido; le agregaron ritmos, instrumentos, estilos, fusiones de género y sobre todo un nuevo público que encontró una sofisticación renovada. Entre tantos nombres uno brilló entre tantos con luz propia y se apagó muy pronto: Don Ellis.

Donald Johnson Ellis, fue un trompetista, compositor, arreglista y apasionado absoluto del jazz quien lo descubriera allá por los cuarenta luego de asistir a un concierto de Tommy Dorsey. Inspirado por Dizzy Gillespie y Louis Amstrong, se especializó en la trompeta orientado siempre a una interpretación de ensamble para orquesta. Por cierto, no se preocupen, ésta no es una biografía, sólo se tomarán notas aquí y allá de su vida para explicar lo que nos interesa más: su obra.

Ellis creció en una escuela clásica en cuanto al sonido del jazz y su interpretación en funciones y grabaciones, pero su contacto con músicos de todo el mundo le abrió la posibilidad a la experimentación y sus primeros roces con el Jazz de Vanguardia facilitaron ese desarrollo. Primeramente extendiendo el sonido tradicional del ensamble de jazz con cambios de tiempo imprevistos pero formando figuras melódicas contrapuestas a las tradicionales escalas cromáticas, sin perder la dinámica entre ambos campos, como una síncopa armónica girando en la misma línea del pentagrama. Su disco de estudio New Ideas muestra esa concepción, todavía sujeta a la ortodoxia beat, quizás un poco rebelde en la forma.

Su último trabajo en Estados Unidos antes de embarcarse a Europa lo encontramos en Essence donde se aprecia un forma mucho más libre que en sus trabajos anteriores y que pretende —todavía sin terminar de soltar los sonidos tradicionales— re-interpretar el género dentro de su estructura al ingresar nuevas percusiones y contrapuntos entre instrumentos.

No es sino hasta la segunda mitad de la década de los sesentas que un nuevo aliado empuja a Ellis fuera del confort bebop y lo lleva a abrazar toda clase de nuevas armonías: el compositor Hank Levy. A partir de esta dupla los trabajos de Ellis y su banda no volverían a sonar igual y consiguen confeccionar una serie de obras maravillosas desde su primera colaboración.

Los estudios de ambos compositores tanto en el mundo del jazz como de la música clásica —con influencias como Ginastera, Hindemith y Stravinsky— aportan también una integración en la escala orquestal llevando la música de cámara a una libertad interpretativa propia de flujo artístico. Como si no fuera suficiente, Ellis decide llevar las cosas más allá y probar con sonidos orientales, sobre todo de la India. Cosa particularmente predominante en Electric Bath y Haiku, siendo éste último un proyecto conceptual donde los diversos músicos del Don Ellis Band tomaban un poema haikú lo llevaban a la escala musical.

Las influencias musicales no se detienen ahí y a Ellis le interesa también arriesgar con sonidos latinoamericanos, sin terminar de concretar su ambicioso proyecto debido a sus problemas de salud.

La calidad prolífica del músico se extendió incluso al cine cuando se le encomendaron las bandas sonoras de películas como The Deadly Tower y The Fench Connection.

Tristemente la salud del trompetista fue un problema cada vez más complicado en los setentas y desencadenó su muerte el 17 de Diciembre de 1978 a los 44 años víctima de una arritmia cardiaca. Muchos de los colaboradores de Ellis continuaron trabajando como solistas o en proyectos de ensamble, continuando su visión de la forma libre del jazz.  Será que Ellis no fue de fácil acceso a los neófitos, como Robert Benson, ni preciosista en la fusión de géneros como Claude Bolling con la música clásica, pero buscaba revitalizar el sonido de las Grandes Bandas con un sello personal siempre abierto a nuevas formas, honrando el sentido de la libertad.

Los ochentas complicaron mucho la presencia del jazz en el gusto popular y la figura de Ellis se relegó a un apartado apenas exclusivo para los entusiastas del género.  Lo que nos trae aquí.

Así que no hay que envidiarles tanto señores y señoras de los setentas, porque hoy existen estos espacios para saber de todo y aún sabiendo que nunca podremos vivir de primera mano la experiencia de oír la sonora trompeta de Ellis en el Monterrey Jazz Festival, al menos podemos honrar su memoria y compartir con otros su extraordinario talento.

Sons of Kemet feat. Michel Massot @ Bimhuis

Era una noche lluviosa en Amsterdam y no tenía nada que hacer en casa. Tan solo pensar que a falta de plan me tuviese que postrar en cama desde muy temprano, decidí coger la bicicleta y enfilar hacia el Bimhuis: un espacio para el jazz que pertenece al Muziekgebouw aan’t IJ. Es un lugar pequeño y acogedor. Cuenta con unas 100 butacas dispuestas en semicírculo alrededor del escenario y sus mejores atributos son la acústica y que detrás del escenario tiene unas ventanas enormes con una vista espectacular de la ciudad.

Llegué semi empapado y con escasos minutos para que empezara el concierto. Afortunadamente todavía había entradas disponibles. Esa noche se presentaba por primera vez en Holanda una banda Inglesa llamada Sons of Kemet. Fui al bar a comprarme una cerveza y me sorprendió que la sala estuviera tan vacía, casi desértica. Nunca la había visto así. Supuse que el frío y la lluvia habían enclaustrado a la gente en casa.

Así pues, con cerveza en mano y ya sin ropas mojadas agarre un lugar cerca del escenario. Solo había unas cuantas almas aquí y allá. Pronto las luces se atenuaron y los hijos de Kemet subieron al escenario acompañados de unos cuantos aplausos. Mi primera impresión fue la muy peculiar alineación de este cuarteto: dos baterías, un clarinetista/saxofonista y una tuba… nunca había escuchado una tuba fuera de una orquesta.

Las luces disminuyeron casi hasta apagarse. Poco a poco un sonido parecido al de un elefante emergió de la penumbra. En esos pocos segundos y con esas primeras notas supe que estaba a punto de escuchar algo enorme. Y dicho y hecho, estos músicos son gigantes. Su música es una mezcla que va desde el jazz hasta ritmos latinos, pasando por compases de reggae y de calipso en una fusión e interpretación virtuosas.

En el saxo y clarinete se encuentra el líder del cuarteto, un negrito llamado Shabaka Hutchings.  En una de las baterias está Seb Rochford ( Polar Bear) y en la otra batería esta Tom Skinner (Hello Skinny). En la tuba Oren Marshall que ese día no tocó porque tuvo que regresar a Londres de emergencia y en su lugar lo había sustituido un tubista belga llamado Michel Massot.

Michel Massot es un personaje bizarro y un genio musical. Tuve la oportunidad de platicar con él en el intermedio y me comentó que suele tocar con unas seis o siete bandas belgas y francesas, y que por eso no le había resultado nada difícil incorporarse a Sons of Kemet un día antes de su presentación en el Bimhuis; y yo con cara de idiota reafirmando la genialidad de éste tío. Una de las bandas para las que toca es Trio Massot, échenle una oreja.